Hace diez años, Envíopack nació con una premisa simple: usar tecnología para conectar a los distintos actores de la cadena logística. Pero a medida que la empresa crecía, apareció una conclusión inesperada: entender la logística no era suficiente. Había que operarla.

Como uno de los co-founders de la empresa, Daniel Battistelli fue parte de ese recorrido. Desde los primeros desarrollos tecnológicos hasta la construcción de una plataforma propia integral que hoy gestiona operaciones en Argentina y México, vio de cerca cómo una compañía que nació como integradora tecnológica terminó construyendo software, almacenes y distribución bajo una misma visión.
En una industria donde conviven múltiples sistemas, operadores y realidades muy distintas según el mercado, la tecnología se convirtió en el hilo conductor de toda la operación.
En esta entrevista, Battistelli habla sobre los desafíos de desarrollar tecnología propia, la construcción de una suite logística integrada, las diferencias entre operar en distintos países y el papel que tendrá la innovación en la próxima etapa de crecimiento de Envíopack.
¿Cuál fue la decisión estratégica detrás de desarrollar tecnología propia en lugar de usar soluciones de terceros?
La verdad es que fue el proceso inverso. Como nacimos como una empresa tecnológica, el objetivo inicial de Envíopack era, justamente, integrar la cadena productiva de terceros. A partir de eso, nos empezamos a dar cuenta de que el conocimiento que íbamos adquiriendo a medida que avanzábamos en el área tecnológica y entendíamos cómo funcionaba el rubro era difícil de llevar a la práctica si no operábamos nosotros mismos. Ahí fue cuando nos animamos a construir logística propia.
¿Pensás que el rol de la tecnología en Envíopack cambió desde sus inicios?
Sí, totalmente. Para empezar, en sus inicios el equipo de tecnología era el más grande de la empresa y hoy el equipo de operaciones es mucho mayor. Eso también marca la pauta de hacia dónde va la compañía.
Ahora bien, esto tiene mucho que ver con la dinámica de los propios equipos y la naturaleza de cada negocio. Las empresas de tecnología suelen tener pocos equipos con mucho impacto, mientras que la logística requiere necesariamente la mano del operario. Es un cambio que se produjo de manera natural.
Hoy puedo decir que la tecnología en Envíopack es como el pegamento que une todas las partes. Es lo que hace que, de punta a punta, un envío pueda llegar desde el checkout hasta la casa del buyer. Y, partiendo desde donde partimos, también creo que la visión general de la empresa está marcada por la tecnología. Todas las áreas de Envíopack se apoyan fuertemente en ella para operar y escalar.
¿Cómo funciona la suite en la práctica: las empresas adoptan los tres módulos o suelen empezar por uno?
En general, los clientes llegan primero a través de nuestro OMS o por nuestra operación logística. Hoy, la mayoría de las compañías que implementan nuestro TMS o WMS ya nos conocían previamente por el OMS.
Después va a depender mucho de cuál sea la necesidad específica del cliente. Si la problemática está más vinculada al warehouse, o al despacho y distribución de mercadería y la gestión de vehículos.
La creación de la suite fue originalmente un proceso interno, por lo que todo está interconectado. Por ejemplo, si algo sucede en el WMS y tiene que impactar en el TMS, impacta directamente. Es un ecosistema donde la información circula de manera muy fluida.
Eso sucede porque no se trata de tres sistemas separados de tres empresas distintas integrados entre sí. Todo está pensado desde el punto de vista de cómo pueden interactuar las distintas partes del proceso para que el cliente no los perciba como productos aislados, sino como una única suite.
La trazabilidad en tiempo real es uno de los diferenciales que mencionan. ¿Qué tan difícil fue construir esa capacidad en el contexto logístico de LATAM?
Más que una dificultad tecnológica, el desafío fue la heterogeneidad del ecosistema logístico en LATAM. Cada operador tiene distintos niveles de madurez tecnológica, APIs, formatos de integración y calidad de información.
Construir trazabilidad en tiempo real implicó normalizar datos provenientes de cientos de fuentes distintas, procesarlos de forma consistente y presentarlos de manera unificada para nuestros clientes.
Además, hubo que diseñar mecanismos para manejar eventos faltantes, inconsistencias y diferencias operativas entre países y transportistas. La complejidad no estuvo solamente en obtener la información, sino en transformarla en una experiencia confiable y homogénea para quienes utilizan la plataforma.
Argentina y México tienen realidades logísticas muy distintas. ¿Cómo adaptan la tecnología a cada mercado?
Ese fue un gran desafío. Nosotros teníamos un producto que funcionaba en Argentina y tuvimos que empezar a adaptarlo, primero en Chile y luego en México.
Con el tiempo, el camino que fuimos recorriendo fue construir la plataforma para que, en determinados procesos, pueda tener comportamientos configurables según el país. Incluso llevamos esa idea un poco más allá: no solo a países, sino también a operaciones específicas de clientes.
Hay clientes que tienen distintas formas de operar o distintas necesidades, y para eso contamos con un panel de configuración que permite que una operación particular funcione de una manera determinada. Por ejemplo, que el picking se haga de una forma en una operación y de otra forma en otra.
Con México y Argentina los pasos fueron los mismos: identificar el feature y definir cómo debe operar en cada contexto.
Siempre pensamos los sistemas de una manera que nos permita construir hacia arriba. Revisitando un poco la historia de Envíopack, cuando arrancamos con una visión más orientada a la tecnología, sabíamos que la base del software tenía que ser muy sólida para poder construir capas superiores. Es decir, cada vez que incorporamos nuevas funcionalidades o hacemos modificaciones, lo hacemos siendo conscientes de que la tecnología tiene que poder escalar en el tiempo.
¿Cuáles fueron los últimos desarrollos implementados en el último tiempo?
Este fue un año muy fuerte en tecnología para la compañía, hicimos muchísimos cambios y desarrollos que contribuyen a que la innovación sea para nosotros un gran diferencial.
Lanzamos a producción nuestro propio TMS, que hoy utilizamos en nuestras operaciones de Argentina y México, tanto para colecta como para distribución. Para la empresa fue un hito enorme porque logramos que, de punta a punta, toda la tecnología que usamos sea 100% de Envíopack, sin depender de soluciones de terceros.
Eso nos permitió mejorar la experiencia de entrega para el buyer, especialmente en términos de información y visibilidad. Estamos trabajando mucho en eso y, sobre todo, en darle más opciones de entrega y mayor capacidad de entendimiento sobre lo que está pasando con su pedido.
Hoy existe una problemática clara: las ventanas de entrega suelen ser demasiado amplias. Para abordar eso, lo primero es entender qué recorrido va a realizar el chofer. Muchas veces, con herramientas externas, no podemos predecirlo ni asegurarlo. Ahora, con un desarrollo propio y sabiendo que es algo que queremos mejorar, tenemos muchas más posibilidades de decir: “este es el recorrido que debería tomar”. Y si por algún desvío o situación del tránsito tiene que modificarlo, podemos recalcular los tiempos y notificar al buyer en tiempo real.
Esa es una de nuestras principales líneas de trabajo hoy: nos enfocamos en poder comunicarle al comprador, minuto a minuto, dónde está el vehículo que transporta su paquete. Es uno de los proyectos que queremos lanzar este año.
Otro desarrollo importante fue la nueva sección de transporte B2B dentro de la plataforma. Trabajamos muy arduamente durante el último año para construir toda esa solución. Y no fue solo un desafío tecnológico: también hubo una gran labor operativa detrás para que todo funcione correctamente.
¿Cuál creés que es el diferencial de Envíopack en cuanto a tecnología?
Sus valores. Grandes ingenieros hay en todos lados, pero construir algo que vive, crece y se reinventa desde hace diez años exige mucha dedicación y mucha cabeza fría para tomar decisiones de arquitectura. No elegir los caminos fáciles, sino los que más lejos nos van a llevar. Aunque los tiempos siempre apremian, hay decisiones que conviene hacer bien desde el principio para no tener que rehacerlas después.
Además, tenemos un equipo muy consolidado. La mayoría de las personas que forman parte del área llevan muchos años trabajando juntas. Es como un equipo de fútbol: cuando los jugadores se conocen hace tiempo, la coordinación surge naturalmente. Eso hace que el trabajo diario sea muy fluido y que podamos avanzar con mucha confianza entre nosotros.
También fomentamos mucho el concepto de ownership. Cada líder tiene proyectos bajo su responsabilidad y entiende que es el principal responsable de que estos funcionen.
Esa combinación entre autonomía, responsabilidad y confianza es algo que se fue construyendo con el tiempo y que hoy forma parte de la cultura del equipo.






