La Copa Mundial de Futbol FIFA 2026 y su impacto en el cambio climático global

Por: Ing. Alexander Eslava Sarmiento
Consultor Portuario – Especialista en Logística Internacional
laeslavas@unal.edu.co

 

El fútbol es el deporte más seguido en todo el mundo y su creciente popularidad genera impactos ambientales adversos, entre otros: la construcción de las instalaciones, el catering para los eventos, viajes (desplazamientos) de los equipos, viajes asociados de los aficionados al lugar de los partidos, el uso de energía para el funcionamiento de los estadios, el uso de agua para el mantenimiento de los campos de fútbol, los desechos generados por el uso de plástico en el consumo de alimentos, etc. Por tanto, el fútbol está estrechamente vinculado con el medio ambiente natural, y ambos se afectan mutuamente.

Investigaciones recientes revelan que la huella de carbono “conjunto total de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) causadas directa e indirectamente por un (individuo, evento, organización, producto) expresado como un factor de dióxido de carbono (CO2e)”, de los viajes de los clubes y aficionados de la Premier League inglesa (2018-2019), el 61% del impacto del carbono se debe al transporte.

Los resultados mostraron que la huella de carbono anual promedio de un aficionado a la Bundesliga fue de 311,1 kg de emisiones de CO2-e, y el 70% de esas emisiones provinieron del transporte personal. Para toda la temporada de la Bundesliga, la huella de carbono combinada de todos los seguidores fue de 369 mil toneladas de CO2e.

La Copa Mundial de la FIFA 2026, por primera vez en la historia con 48 equipos, se celebrará simultáneamente en Estados Unidos, Canadá y México. Las sedes estarán dispersas por todo el continente americano. Las grandes extensiones meridionales y latitudinales, así como las diferencias de altitud, supondrán un reto para los futbolistas y aficionados, debido a la necesidad de una rápida adaptación a los diversos climas locales.

Por tanto, tres países anfitriones, diversas condiciones ambientales, grandes distancias entre ciudades y un mayor número de partidos de eliminación directa de hasta 120 minutos crearán condiciones nunca antes vistas por los equipos, y en efecto, por el medio ambiente.

El evento promete un desafío logístico-ambiental, aún mayor, con 48 equipos, 104 partidos (durante 33 días) en 16 sedes, distribuidas en cuatro zonas horarias y separadas entre sí por varios miles de kilómetros; implica el uso masivo del transporte aéreo dadas las largas distancias a cubrir, teniendo en cuenta que la FIFA prevé una asistencia récord de 5,5 millones de aficionados. Al agrupar los partidos por zonas geográficas, las obligaciones de viaje son considerables para los aficionados, ya que les implica viajar durante la noche con el propósito principal de asistir al partido de su preferencia.

Así, una selección de fútbol (y sus aficionados) podría iniciar el torneo en Toronto antes de volar 3500 km (5 horas) hasta Los Ángeles para el siguiente partido y luego otros 1500 km (2 horas y 20 minutos) hasta Seattle. Después, podrían avanzar y jugar otros 4000 km (4 horas y 50 minutos) a través del país hasta Boston para el primer partido de la fase eliminatoria, y así sucesivamente. De hecho, muchos de los estadios no están bien conectados con sus ciudades mediante transporte público. Es probable que muchos aficionados conduzcan (o sean transportados) a los partidos en lugar de optar por una alternativa menos contaminante. En un solo continente supondrá viajes aéreos de hasta seis horas (más de 4.000 kilómetros entre Boston y San Francisco), con cambios de horario de casa, lo que podría tener un impacto indirecto en la competición (se necesitan ocho partidos, en lugar de siete, para ganar el torneo).

Las proyecciones climáticas recientes indican que varias ciudades anfitrionas pueden experimentar un estrés térmico significativo durante el verano de 2026, con temperaturas diurnas que superan los umbrales considerados seguros para deportistas de élite y para el turismo deportivo.

En efecto, el torneo se llevará a cabo en los meses de clima cálido de junio y julio; el estrés térmico contribuye a enfermedades relacionadas con el calor como el golpe de calor, y muchos aficionados entre destino y destino tendrán un riesgo elevado de calor.

Diez de las dieciséis sedes de la Copa Mundial de la FIFA 2026 presentan un riesgo muy alto de experimentar condiciones de estrés térmico extremo; además, la altitud de las instalaciones deportivas influye en el bienestar de los atletas y su rendimiento en la competición. Con el aumento de la altitud sobre el nivel del mar, la presión barométrica disminuye, lo que resulta en una menor densidad del aire y una menor presión parcial del oxígeno inspirado.

El mayor riesgo de estrés térmico ocurre por la tarde (entre las 2 y las 6 p. m) en los estadios ubicados en Arlington, Houston, EE. UU. y Monterrey. México. Houston, necesita garantizar la seguridad de los jugadores mediante descansos obligatorios para refrescarse, y Dallas, que se enfrenta a un calor extremo que supera los umbrales de seguridad de la FIFA. Por tanto, es probable que los estadios requieran un consumo energético masivo para alimentar los sistemas de refrigeración. Esto crea un patrón vicioso: el cambio climático impulsa el consumo de energía, lo que a su vez acelera el Cambio Climático Global.

Se estima que la final de la Copa Mundial de 2026 en América del Norte será responsable de al menos 9,0 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (tC02e). Esto se compara con un promedio de 4,7 millones de tC02e para las cuatro Finales anteriores (2010 a 2022. Estos niveles representan aumentos del 92 % para la Final de 2026, más de cuatro veces la magnitud de las cuatro Finales anteriores. Esto, debido principalmente al mayor número de partidos, espectadores y a las enormes distancias entre las ciudades anfitrionas de los tres países. Adicional a las emisiones del torneo, se estima que los viajes aéreos alcanzarán los 15 millones de tC02e.). De hecho, la Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006 generó 250,000 toneladas de emisiones de GEI; la Copa Mundial Sudáfrica 2010 generó 1.65 millones de toneladas de CO2e.

La FIFA ha hecho varias declaraciones audaces y ambiciosas sobre sostenibilidad y acción climática. Sin embargo, aún no se han materializado acciones serias. Presentada en la COP26 de 2021, la estrategia climática de la FIFA se comprometió a reducir sus emisiones de GEI en un 50 % para 2030 y alcanzar el cero neto para 2040 mediante 18 acciones específicas. Sin embargo, solo se han completado dos acciones hasta la fecha. Este fracaso no puede deberse a la falta de recursos. La FIFA cuenta con un presupuesto de 11.000 millones de dólares para el período 2023-2026. En cambio, refleja profundas deficiencias en gobernanza y rendición de cuentas, así como una participación inconsistente y puntual en cuestiones relacionadas con la sostenibilidad. Esta falta de transparencia debilita la confianza y está muy por debajo de los compromisos climáticos de la ONU, como el Marco de Acción del Deporte para el Clima.


Referencias

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